domingo, 8 de junio de 2014

Campaña busca poner fin al SIMCE como medidor de la calidad de la educación y establecer debate en torno al tema

Con firmas de varias personalidades del mundo educativo, cerca de doscientos  dirigentes sociales, docentes, estudiantiles y académicos, además de los diputados Gabriel Boric, Giorgio Jackson y Camila Vallejo, se entregó una carta al Ministro de Educación a modo de inicio de la campaña Alto al SIMCE 2014.


Imagen aporte de http://www.iuvalladolid.org

El documento explicita varias críticas al Sistema de Medición de la Calidad de la Educación (SIMCE), entre las que se destacan "el empobrecimiento del trabajo profesional docente, incluyendo estrechez curricular y re-orientación de los proyectos educativos hacia el entrenamiento para pruebas estandarizadas" y "el malestar y el agobio de las comunidades escolares frente a los valores y principios que promueve el SIMCE, como el éxito o fracaso educativo en función del resultado de una prueba".

Además menciona algunas propuestas como la generación de un debate nacional en torno al significado de lo que es calidad en la educación, una relación más directa entre lo local y lo nacional, valorando el rol de las comunidades educativas en los procesos de evaluación.

A continuación pueden leer la carta entera:

Reforma Educacional sin Nuevo Sistema de Evaluación de la Educación Escolar, No es Reforma

Sr. Nicolás Eyzaguirre Guzmán, Ministro de Educación
Sra. Valentina Quiroga Canahuate, Subsecretaria de Educación

 
Al actual gobierno se le ha confiado la importante tarea de conducir la reforma educacional que busca reemplazar el actual sistema mercantil de educación. Las personas y organizaciones sociales que firmamos esta carta nos hacemos parte de dicho movimiento y compartimos la necesidad de superar las prácticas y políticas que han permitido tratar a la educación como un bien de consumo para construir un nuevo sistema que entienda la educación como un derecho social.
Sin duda uno de los elementos claves para avanzar en este camino es superar el actual concepto de calidad educativa. Este concepto hoy está estrechamente vinculado a un conjunto de políticas y marcos legales vinculantes (Ley General de Educación o Ley de Aseguramiento de la Calidad) que utilizan el Sistema de Medición de la Calidad de la Educación (SIMCE) como instrumento central para garantizar la calidad de la educación, lo que refleja una reducción del significado de calidad en términos de una medición.

Para gran parte de los políticos y funcionarios, un establecimiento escolar provee una buena o mala calidad cuando arroja un resultado positivo o negativo en las pruebas SIMCE. Esta medición, a la que nos hemos acostumbrado y se ha vuelto natural en la educación chilena, es una herramienta central de la comprensión de la educación como un bien de consumo. Es gracias al SIMCE, y así fue pensado en sus orígenes, que el mercado educacional se dinamiza, pues busca emplazar a padres y apoderados a escoger escuelas utilizando como criterio principal un mejor puntaje SIMCE, favoreciendo así la competencia entre las escuelas.

Entendemos que el SIMCE no es la única herramienta con que se promueve la lógica de mercado en la educación, pero queremos subrayar que es central en la organización de la educación como mercado. De a poco el país ha empezado a levantar evidencia sobre las consecuencias lamentables que un concepto estrecho de calidad, y su particular forma de medir, han tenido para el conjunto del sistema escolar. Estas evidencias tienen un correlato con numerosas investigaciones a nivel nacional e internacional, donde se ha observado procesos de estandarización con pruebas de altas consecuencias similares al SIMCE. Entre las principales consecuencias se pueden destacar:

1) La selección de alumnos que puedan rendir mejor en las pruebas, profundizando la segregación y exclusión escolar.

2) El empobrecimiento del trabajo profesional docente, incluyendo estrechez curricular y re-orientación de los proyectos educativos hacia el entrenamiento para pruebas estandarizadas.

3) La contribución a la estigmatización de la educación pública mediante la publicación de los resultados SIMCE y la facilitación de datos para la elaboración de rankings sensacionalistas.

4) El malestar y el agobio de las comunidades escolares frente a los valores y principios que promueve el SIMCE, como el éxito o fracaso educativo en función del resultado de una prueba.

Por lo anterior es que consideramos que frenar el actual Sistema de Medición de la Calidad de la Educación es completamente necesario para avanzar en una reforma educacional que termine de una vez con la lógica de mercado como la rectora del sistema escolar. Proponemos la creación de un Nuevo Sistema de Evaluación de la Educación Escolar, considerando los siguientes aspectos:

1) Una revisión y modificación de la actual legislación e instrumentos normativos, especialmente la LGE y la Ley de Aseguramiento de la Calidad, que entienden e implican al SIMCE como el principal parámetro de medición de la calidad de la educación y como distribuidor de recursos públicos.

2) Generar un debate nacional sobre qué es la calidad de la educación y cómo evaluaremos la educación que queremos, enmarcado tal debate en la necesidad de un nuevo sistema que entienda la educación como un derecho social y humano.

3) Reconocer el importante rol que tienen las comunidades escolares en el proceso de la evaluación, y dentro de ellas, especialmente el profesorado, a quienes deben entregárseles condiciones adecuadas para que pasen a ser partícipes y responsables activos en el trabajo de evaluar la calidad de la educación.

4) Que este nuevo sistema sea capaz de retroalimentar el proceso de enseñanza y aprendizaje que tiene lugar en los establecimientos educacionales, considerando especialmente su pertinencia y contribución a la justicia social.

5) Que este nuevo sistema tenga un fuerte anclaje en las comunidades locales, considerando para ello las condiciones estructurales necesarias para facilitar este proceso y articulando en la nueva institucionalidad pública un vínculo entre lo local y lo nacional.

6) Si se llega a consensuar la importancia de un nuevo sistema de medición de la cobertura curricular mínima para informar a la política pública, este sistema debe tener el carácter muestral y no censal. Esto para asegurar que dicha prueba no pueda ser utilizada como forma de crear u orientar la educación como mercado.

7) Mientras lo anterior no ocurra, se debe frenar de forma inmediata la aplicación de las pruebas SIMCE. Esto significa no publicar los resultados de estas pruebas, ni elaborar rankings u ordenación de escuelas, desanclando todas las consecuencias que tiene hoy el SIMCE: i) definición de sueldos de docentes; ii) grados de autonomía de las escuelas; iii) clasificación y ordenamiento de establecimientos; y iv) cierre de escuelas, por nombrar las principales.

Esperamos que las ideas aquí planteadas contribuyan al proceso de construcción democrática y a la mejora de la calidad educacional en nuestro país, aportando a la creación de un sistema de evaluación que sea consistente con una concepción de educación como bien público. Esta es una tarea que consideramos central para el nuevo ciclo político y social que vive Chile, en especial después de la emergencia del movimiento social del 2011.

Más información: Alto al SIMCE 2014

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